Evelyn Trinidad Garay permaneció tres años y tres meses en el Carmelo de Nogoyá y relató en Radio Plaza cómo era la vida en clausura, las reglas, el silencio, las penitencias y los motivos por los que decidió abandonar la comunidad.
Evelyn Trinidad Garay, quien permaneció tres años y tres meses como monja carmelita en el Carmelo de Nogoyá, relató en Puro Cuento por Radio Plaza cómo era la vida dentro del convento y se refirió a la serie Cautiva, que recreó hechos ocurridos en ese lugar y que tomó como referencia la historia de Silvia Alvarenque, con quien compartió parte de su permanencia en la clausura.
Garay ingresó al Carmelo en 2002 y permaneció allí hasta 2005. Según contó, durante ese período convivió con Alvarenque, aunque el contacto entre ambas estuvo limitado por las reglas de la comunidad. “Estuvimos tres años y tres meses juntas, viviendo, durmiendo, trabajando en la misma zona, en la misma área, y sin embargo hablamos, contadas con una mano las veces que hablamos nosotras, porque no se nos permitía hablar”, relató.
La exmonja explicó que el silencio formaba parte de las normas establecidas para la vida de clausura. “Se guarda silencio desde la mañana hasta la noche, con dos horas nada más de recreos”, señaló. También indicó que durante determinados momentos las monjas profesas y las novicias permanecían separadas y que las reglas establecían límites para el contacto entre ellas.
Garay sostuvo que las actividades y los horarios estaban establecidos en las reglas y constituciones de la comunidad. “Está anotado ahí todo, todo el horario completo que tienen que hacer las hermanas, y las funciones que tienen que cumplir, y cómo tienen que rotar las funciones también”, explicó.
En relación con el acceso a esas normas antes del ingreso, contó que su proceso de discernimiento había sido breve. “No hubo ni tiempo de conocerlas, ni tiempo de que me conozcan a mí tampoco”, afirmó. Según recordó, antes de ingresar había realizado tres visitas al Carmelo.
Otro de los aspectos que mencionó fue el contacto con las familias. Garay aseguró que las integrantes de la comunidad debían incorporar la idea de que su familia pasaba a ser la comunidad religiosa. “Tu familia deja de ser la familia natural”, expresó. También señaló que las visitas eran una vez al mes y se realizaban a través de una reja.
La exmonja relató además situaciones relacionadas con las cartas que podían enviar al exterior. Según su experiencia, las religiosas podían recibir indicaciones sobre el contenido de esas comunicaciones. Como ejemplo, contó que le hicieron escribirle una carta a su madre para pedirle que volviera a teñirse el cabello de su color natural.
Garay también habló sobre las prácticas de penitencia y el uso del silicio. “A su debido tiempo te enseñan cuáles son las armas de mortificación que tenés que utilizar, cuál es el tiempo, cuál es el día, cuál es el horario”, explicó. Sobre el silicio, señaló que cada religiosa podía regular el elemento y agregó: “En mi caso sí que tengo las marcas todavía sobre la rodilla de las heridas que me hice”.
Respecto de la flagelación, contó que las penitencias podían realizarse en comunidad y durante la noche. “La penitencia era en comunidad, sí, pero con las luces apagadas”, afirmó. También explicó que los golpes se realizaban sobre la vestimenta que utilizaban dentro del convento.
La rutina diaria comenzaba temprano. “Nos levantaban a las cinco y media de la mañana tocando tablillas”, recordó Garay. Después se realizaban los rezos, la misa, el desayuno y las tareas asignadas. Entre las actividades mencionó la elaboración de estatuillas de yeso, rosarios, trabajos con cuentas de pétalos de rosa, tareas en la huerta y el jardín y actividades vinculadas con asuntos del exterior.
“Era así, era rezo, trabajo, rosario, rezo nuevamente, la comida, rezo así continuamente”, resumió sobre la rutina que había mantenido durante su permanencia en el Carmelo.
Garay también se refirió a las diferencias que había observado entre las religiosas que estuvieron al frente de la comunidad durante el período que conoció. Aclaró que no había presenciado la transición entre las prioras porque para entonces ya había abandonado el convento, pero describió su experiencia con María de los Ángeles y con Luisa Toledo.
Sobre María de los Ángeles, señaló: “Se veía un espíritu muy humilde, muy tranquilo, de oración, mucho amor, mucha paciencia, mucha caridad y empatía tenía esa mujer”. En cuanto a Luisa Toledo, recordó una mayor dedicación a las comunicaciones con personas del exterior y a las tareas vinculadas con los bienhechores.
La exmonja explicó que decidió abandonar la comunidad para continuar sus estudios y trabajar con las hermanas mercedarias. Su salida requirió una votación dentro del convento. “Se hizo la votación, porque esa particularidad tiene también el convento, que te votan para ver si vas a entrar, y hacen una votación para permitirte salir o no”, relató.
Al referirse a su regreso a la vida fuera de la clausura, Garay contó que atravesó dificultades para recuperar aspectos de su vida personal. “Ese modo de vivir te deja muy clarito que te acostumbran a no tener opinión, a no tener palabra, destruyen tu personalidad”, sostuvo.
La experiencia también quedó registrada en un libro que Garay está preparando. La obra, titulada Las celdas de Dios, fue escrita a partir de sus recuerdos y de su experiencia dentro del Carmelo. Según adelantó, tiene previsto publicarla en Amazon y utilizar sus redes sociales para informar sobre su lanzamiento.
La entrevista se produjo a partir de la emisión de Cautiva, una miniserie de seis capítulos que recreó la denuncia realizada en 2016 por tormentos y privación ilegítima de la libertad en el convento Carmelita de Nogoyá. Garay aclaró que al momento de la entrevista solamente había visto el primer capítulo y diferenció los elementos de ficción de aquello que había experimentado personalmente durante su permanencia en la comunidad.
“Primero que es ficción esto, está hermosamente armado”, expresó sobre la producción. Al mismo tiempo, señaló que podía aportar su experiencia sobre las normas y costumbres que había conocido durante sus años de clausura.
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