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Un paso adelante en el tiempo

BÚFALOS EN EL DELTA ENTRERRIANO, UNA APUESTA POR LA PRODUCCIÓN ECONÓMICA Y AMBIENTALMENTE SUSTENTABLE

Un proyecto ganadero iniciado hace dos décadas en el sur de la provincia, apostó a la sustentabilidad con el medioambiente y encontró en el engorde de búfalos de agua con pasturas naturales una actividad productiva con gran potencial económico y respetuosa del entorno y las comunidades. «No hay que adaptar las producciones a los ambientes sino ver qué producción hacemos en función del potencial del lugar», dijo Armando Cadoppi, impulsor del establecimiento que desde hace más de 15 años exporta carne bubalina a Europa.

Cadoppi, licenciado en Tecnología de los Alimentos, de familia de productores desde los años ’40, dice que mamó de las recorridas a campo con su padre «todo el amor por el Delta, por la isla».

Lejos de una perspectiva extractivista de los recursos naturales y crítico del la sojización (miradas que lo llevaron a alejarse de las entidades agropecuarias), el sitio web de La Filiberta, el establecimiento que fundó en Islas del Ibicuy a principios del este siglo, sostiene que nacieron bajo la noción de una única alternativa para producir: hacerlo preservando el medio ambiente.

Desde ese punto de vista, buscaban una actividad productiva superadora al megaendicamiento, los negocios inmobiliarios y el avance de la soja que proliferan en la zona, para generar empleo y valor agregado.
«En el año 2000 mis padres tenían un campo en Islas del Ibiccuy y se me ocurrió presentarnos en un concurso de innovación tecnológica, de la secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación para desarrollar alternativas productivas sustentables con el humedal en la zona. Había cientos de proyectos y ganamos nosotros», recordó Cadoppi en diálogo con esta Agencia.

La premisa fue hacer una producción alternativa, nueva, en este caso la producción de carne de búfalo, «con la menor modificación posible del ambiente» para generar «un producto de alta calidad y valor agregado para sumar a la canasta de exportación de la provincia de Entre Ríos y de la Argentina y a través de eso generar una alternativa productiva que aportara a un mayor arraigo isleño en la zona».

La producción de carne bubalina –tal como se la conoce– no tenía casi antecedentes en el departamento y no abundaba en la provincia, aunque dentro de los primeros búfalos que se trajeron al país, traídos desde Brasil, una parte llegó a Entre Ríos.

El búfalo de agua fue introducido en la Argentina a mitad del siglo XIX pensando se iba a poder cruzar con especies vacunas y que se iba a poder hacer un vacuno más resistente a ciertos ambientes, pero nunca se pudo generar un cruzamiento de animales y los búfalos quedaron olvidados en los montes, sin que se avance en la producción.
Actualmente, en toda la Argentina la producción de búfalos suma 100.000 cabezas de ganado –de las cuales 5.000 están en Entre Ríos– contra 50 millones de cabezas de ganado vacuno.

«En el año 2000 aparecimos con La Filiberta, con el objetivo de hacer primero una comparación del vacuno contra el búfalo en el mismo ambiente y determinar cuál de las dos especies era más apta para la conversión del forraje natural en carne y, una vez establecido eso realizar un estudio de caracterización de la carne de búfalo que nos demandó más de 1.000 kilos de carne para ver si realmente la calidad que se producía era la que decían en el mundo, que era una carne magra, con bajo contenido de colesterol, alto contenido en hierro, poca grasa intramuscular y por ende lograr una carne con atributos más saludables que la vacuna, con mayor capacidad de conversión de forraje en carne y así lograr un producto particular, diferenciado, para la canasta de exportación de la provincia y del país», explicó Cadoppi respecto de los primeros pasos dados en la actividad.

Luego de ganar el concurso de la secretaría de Ciencia y Tecnología comenzaron a desarrollar el proyecto y demostraron que la producción de búfalos genera, en el ambiente del Delta, con potreros con alambrado eléctrico, bien cuidados y controlados, animales que en 20 meses ganan de 200 a 300 kilos, llegando a cerca de 500 kilos y prácticamente duplicando la ganancia de peso de un vacuno.

En 2003, lograron el reconocimiento por parte del Senasa como carne apta para el consumo humano y diferenciada del vacuno. Así iniciaron la comercialización en pequeñas cantidades en restaurantes y en 2006 hicieron la primera exportación de carne de búfalo de América del Sur a Alemania.

«Con un animal que tiene capacidad de transformar proteína con alta carga de celulosa, que es difícil de digerir para un vacuno, la transfiere más fácilmente en carne, genera más kilos y encima en el ambiente natural, nosotros logramos encontrar una producción sustentable, con valor agregado, que podría aportarle al Delta, a la provincia y al país, un nuevo producto de exportación de calidad y mirando las tendencias de alimentos naturales, sanos, diferenciados que ya veíamos en el año 2000», destacó Cadoppi que lo comparó con «un vino de alta gama, porque es un producto que hace referencia a cómo y dónde está producido», en este caso con especial atención al cuidado del humedal y preocupación por el arraigo isleño, tal como puede observarse en redes sociales y el propio sitio web oficial de La Filiberta.

En este sentido, cuando el uso de hormonas, productos químicos y otros elementos que buscan forzar a animales y cultivos bajo una lógica meramente productivista, rompiendo el equilibrio natural y necesario, Cadoppi propone dejar de » adaptar las producciones a los ambientes sino hacer un análisis de los ambientes que tenemos y en función del potencial del lugar ver qué producción hacemos». Y mal no le fue. Los resultados quedaron a la vista: en el Delta, con pasturas naturales, sin especies implantadas, sin agroquímicos ni hormonas, mientras muchos emprendimientos de la zona cerraron porque no le encontraron la viabilidad a la ganadería vacuna, en La Filiberta duplicaron la capacidad de engorde del ganado vacuno y lograr novillos en la mitad de tiempo. (aim)