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Un paso adelante en el tiempo

ACONSEJAN UN ORDENAMIENTO AMBIENTAL ANTE EL CASO DE LEISHMANIASIS EN CONCORDIA

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En la ciudad de Concordia se produjo un caso positivo de esta enfermedad que se genera por un parásito alojado en los perros y es transmitida por un insecto similar al mosquito: los flebótomos. En diálogo con AIM, la epidemióloga Silvia Saavedra explicó que ante la presencia de esta peste en la provincia se deben reforzar las tareas de prevención para evitar su propagación.

El director de Epidemiología de Entre Ríos, Diego Garcilazo, confirmó hoy el caso positivo de leishmaniasis visceral en una mujer de la ciudad de Concordia. Se trata de una enfermedad que puede causar serios estragos en la salud y la muerte en caso que no sea tratado. La situación encendió las luces de alerta y le necesidad de acciones de contingencia que comenzarían a llevarse adelante desde este martes. Cuando se presenta un caso así, explicó la médica veterinaria Silvina Saavedra a esta Agencia, “no se hace bloqueo, porque no se sabe cuándo se contagió de la enfermedad la mujer. Puede ser que se haya contagiado el verano pasado”, planteó. “Lo que se hace un control focal. Se tiene que ver con un relevamiento en el lugar, si donde vive la abundancia del flebótomos en muy alta, si hay perros muchos infectados; se hace un control focal”, apuntó.

La leishmaniasis es un grupo de patologías producidas por diferentes parásitos microscópicos llamados Leishmania. En la Argentina, en humanos, la más frecuente es la leishmaniasis cutánea, que produce lastimaduras en la piel que tardan mucho en sanar. Otro tipo es la leishmaniasis mucosa que genera lesiones en nariz y paladar. Y por último está la leishmaniasis visceral, que produce fiebre y agrandamiento de bazo e hígado.

En la provincia, los antecedentes se remontan a 2010 que se detectó la transmisión vectorial a perros en Chajari y a principios de 2015 en Concordia.

¿Cómo se transmite?

Según los manuales de Salud de la Nación, la forma más usual de infección es mediante la picadura de un insecto llamado flebótomo, que se infectó previamente al picar a un animal que ya tenía el parásito Leishmania, y que generalmente son perros. Los flebótomos no son mosquitos ni moscas. Son unos insectos más pequeños, que miden de 2 a 4 mm de largo como máximo, pican desde el atardecer hasta el amanecer, y no dejan punto de sangre en la picadura. “Los huevos y las larvas de los flebótomos están en la tierra con sombra, humedad y con materia orgánica como hojarasca, guano, frutas. No están en el agua como la mayor parte de los mosquitos, se aclaró.

Prevención

Saavedra apunta a que ante este tipo de situación se deben reforzar tareas de saneamiento en viviendas y el ambiente en general. En el caso de la prevención con los canes cree que los “veterinario están súper capacitados y de hecho se están diagnosticando la enfermedad en los perros”.

Las recomendaciones para evitar el riesgo de transmisión de leishmaniasis es por un lado disminuyendo el riesgo, esto es abundancia de flebótomos, a partir de restringir los sitios favorables para su reproducción y disminuyendo el contacto con los humanos y la probabilidad de ser picado. Para eso en el domicilio se deben reforzar la limpieza y desmalezado. Evitar la acumulación de desechos orgánicos en los alrededores. Hojarasca, frutos, excremento de animales se deben erradicar. Del mismo modo sitios de reposo a los ejemplares adultos en cajas, leñas, objetos que generan sombra. También se aconseja drenar de tierra donde se acumule humedad, mantener los sitios de dormir de animales domésticos/mascotas a distancias mayores a los 5 metros de sitio de dormir de humanos, evitar su proximidad en horas crepusculares; rotar los sitios de dormir de animales anualmente y mantenerlos libres de materia orgánica.

En cuanto al “saneamiento ambiental comunitario”, Salud de Nación y la red de especialistas en la problemática apuntan a “limpieza y desmalezado de áreas públicas y baldíos; drenado o canalización de cursos de agua evitando terrenos anegadizos; eliminación de residuos sólidos orgánicos y destino adecuado de los mismos; acciones de ordenamiento ambiental, programadas y coordinadas entre los distintos sectores; coordinación con programas de manejo de animales domésticos de cría y mascotas para disminuir el riesgo”.

Respecto a la población canina donde hay riesgo de transmisión de leishmaniasis visceral, se apunta directamente a la “erradicación de perros ambulantes y sin dueño, su persistencia disminuye drásticamente la efectividad de cualquier medida de control” y en los animales sanos el uso “de repelentes y pipetas validados para vectores de leishmaniasis”. (aim)