Federalaldia
Un paso adelante en el tiempo

RECELO EN EL KIRCHNERISMO ANTE EL ACUERDO: «NI SE LLORA, NI SE CELEBRA»

La primera línea del kirchnerismo entró en un denso silencio público ante el acuerdo con el FMI. Grabois fue el primero en anticipar críticas.

El kirchnerismo vivió casi como un éxito ajeno el cierre de la renegociación de la deuda con el FMI. Sus principales dirigentes se encerraron en un pesado silencio que quedó aún más en evidencia ante el respaldo público al acuerdo que hizo la plana mayor de Juntos por el Cambio.

A primera vista, lo palpable hacia adentro del kirchnerismo según las distintas fuentes consultadas por LPO, es un clima de desconfianza en el que prevalece el pesimismo sobre las consecuencias del acuerdo.

«Todavía no hay un acuerdo, falta conocer el calendario de desembolsos y pagos y el número fino del déficit fiscal, nivel de reservas, inflación y crecimiento», afirmó a LPO uno de los funcionarios del Palacio de Hacienda que responde a la conducción de Cristina Kirchner.

En otro de los ministerios que conduce ese espacio político enfatizaron: «Acá no llora nadie, tampoco se festeja. Falta un montón. Esto recién va a entrar al Congreso después de marzo». En efecto, la fuerza de la vicepresidenta sabe que ese será su momento político para decir en blanco sobre negro lo que piensa del acuerdo que negociaron Alberto, Massa y Guzmán.

Esta sorda resistencia a lo que buena parte del gabinete considera un triunfo importantísimo del Gobierno, no es compartida por todos los integrantes del espacio de la vicepresidenta. «Todavía no queda explícita la posición del kirchnersimo, se están callando más de lo deseable me parece. Pero bueno», afirmó a LPO un funcionario histórico del gobierno de Néstor Kirchner.

Más filoso fue el diagnóstico de un diputado nacional del kirchnerismo. «Reducir el déficit fiscal es ajustar la economía, más aún si viene acompañada por menor emisión. Nos llama la atención los grises alrededor de la inflación, que es lo que puede barrer con el esquema de Guzmán de un plumazo», apuntó.

Según Nicolás Zeolla, economista en jefe de FIDE, un centro de pensamiento cercano al kirchnerismo, advirtió: «En el caso de que alguna meta de monitoreo cuantitativo, por más mínimo que sea, no se cumpla, Argentina tiene que hacer todo el trámite administrativo de nuevo. Exactamente lo mismo que vivimos esta semana». «El garrón es que durante dos años tenes revisiones trimestrales que te ponen al límite», agregó.

A esto mirada se sumó otro economista del espacio de la vicepresidenta que afirmó en diálogo con LPO: «Si todo sale exactamente como se lo pensó, con suerte en un año y medio tenemos que renegociar todo de nuevo».

Ante la consulta sobre que posibilidades políticas que deja al Frente de Todos este acuerdo en las presidenciales del 2023, un funcionario de primera línea respondió: «Con este acuerdo el margen es muy estrecho, como todos los márgenes que le tocaron a este gobierno. Los desvíos generan waivers, amenazas de incumplimiento, inestabilidad. No vas a dar vuelta la taba, pero por algo Cristina eligió a Alberto Fernández y no a Anabel Fernandez Sagasti de presidente. Si falla, bienvenido Larreta 2023».

Con este acuerdo el margen es muy estrecho. Los desvíos generan waivers, amenazas de incumplimiento, inestabilidad. Pero por algo Cristina eligió a Alberto Fernández y no a Anabel Fernandez Sagasti de presidente. Si falla, bienvenido Larreta 2023.

Por ahora, estos recelos no se expresaron públicamente, salvo por las críticas del dirigente social Juan Grabois, muy cercano a Cristina pero que a demostrado una autonomía política importante.

«No existe un buen acuerdo porque el endeudamiento en sí mismo es un yugo muy injusto para nuestro país. Tener que someternos a un monitoreo constante de una entidad que ha fracasado sistemáticamente en cumplir sus postulados de estabilidad económica y desarrollo es una cesión de soberanía humillante para cualquier país. Es parte de la injerencia histórica de la arquitectura financiera internacional», sostuvo Grabois.

Y agregó: «Llegamos a esta negociación arrinconados por un Fondo Monetario inflexible, consciente de su poder de daño con el default, una oposición irresponsable que lejos está de hacerse cargo del daño que hicieron con esa deuda y una negociación centrada en lo técnico-económico por sobre la geopolítica». (LPO)