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LA CAÍDA DEL PRESUPUESTO: LA OPOSICIÓN VIVIÓ HORAS FRENÉTICAS Y ESTUVO TRES VECES AL BORDE DE LA RUPTURA

Las internas llegaron al extremo de hacer una asamblea de 116 diputados para tratar de unificar posturas.

Además de la tensión en el oficialismo, el debate del presupuesto cristalizó las internas en Juntos por el Cambio, con una crisis de conducción que complica coordinar posturas en el Congreso y obligó a hacer una reunión caótica antes de votar, que algunos diputados compararon con una «asamblea universitaria».

El PRO, que es el bloque más grande, se mostró unificado detrás de Cristian Ritondo y su segundo Gerardo Milman. Pero la interna radical pareció irse de control en varios tramos de la sesión y la Coalición Cívica se sintió aislada y ventiló las diferencias en el recinto. Un mensaje de Lilita Carrió a sus enemigos.

La mayor problema de las internas que hubo para definir las jefaturas de los bloques fue que no hay autoridades de interbloque pero tampoco un sistema de conducción y en un día tan caótico se sintió. Tanto, que varios referentes ya hablan de al menos tener una mesa de coordinación para Marzo que evite un estado de asamblea permanente.

El mayor problema de las internas que hubo para definir las jefaturas de los bloques de Juntos fue que no hay autoridades de interbloque y tampoco un sistema de conducción, algo que se sintió en la caótica sesión del Presupuesto.

Así funcionó Juntos hasta hace dos semanas: un grupo de segundas líneas filtraba las negociaciones de los jefes y administraba los debates en sus bancadas. Retomar ese esquema es para algunos diputados más urgente que elegir un jefe, que si fuera por los números debería ser Ritondo.

Hubo tres momentos en los que mantener la unidad de Juntos fue una tarea titánica. El primero, cuando el martes el PRO unificó su criterio de dar quórum y votar en contra, aún cuando algunos de sus miembros decían por lo bajo que lo mejor era una abstención para no ser acusados de obstruccionistas.

Cuando se miraron las caras después de la primera exposición de Guzmán, y la certeza de que el Gobierno no tenía los votos para aprobar el presupuesto, los halcones y palomas de unieron. Desde María Eugenia Vidal y Diego Santilli hasta Fernando Iglesias coincidieron en que no había margen para mostrarse colaboracionista.

Se lo comunicaron a los radicales y los forzaron a una postura similar. El año pasado habían votado a favor los diputados de Corrientes y Jujuy, provincias controladas por la UCR, pero quedaron condicionados por la convención de este viernes, en la que Gerardo Morales consiguió la presidencia del partido.

Por si acaso, en el primer debate en comisión la correntina Ingrid Jetter, del PRO, le reprochó a Guzmán las pocas obras públicas para su provincia. Quería evitar un llamado del gobernador Gustavo Valdes antes de votar.

Para abrir un camino de negociación que no se veía, el radical Miguel Bazze tomó el rol de informarle al oficialismo que su bloque votaba a favor. Buscó una reacción no llegó nunca, ni en su teléfono ni en el recinto.

La Coalición Cívica supo el miércoles que sería la única fuerza en abstenerse y garantizaría el Presupuesto. Cambió de postura pero su jefe López le reprochó a sus pares la falta de coordinación.

Con Carrió como jefa y asesora, la Coalición Cívica había decidido abstenerse y voltear artículos en la votación particular, una estrategia de más productividad política, porque obliga al gobierno a seguir tus pautas sin victimizarse. Pero difícil de comunicar en tiempos de grieta.

Hay versiones diversas sobre cómo el jefe del bloque de la Coalición Cívica, Juan López, supo el miércoles que era el único bloque de Juntos que había decidido abstenerse y con la decisión de votar en contra de los federales le estaba garantizando el Presupuesto al Gobierno. En ese escenario, el votante opositor no iba a elogiar a Lilita por reescribirlo.

Fuentes de Juntos aseguran que López supo de esta situación en charlas informales de pasillos, en la que algunos legisladores con responsabilidad de Gobierno lo felicitaban por la ayuda. Y lo confirmó en una conversación con los radicales dirigidos por Negri, socio de Lilita. Terminó de confirmarlo en la reunión de jefes de bloque con Massa el miércoles, en la que Máximo Kirchner trató de meter cizaña en la interna y reclamó una interlocutor válido en la oposición. Todavía no lo hay.

Tanta fue la bronca de López por la situación en la que estuvo por unos momentos, que usó el recinto para explicar que no estaba de acuerdo con votar en contra.

El segundo capítulo de la interna fue la firma del dictamen en la Comisión de Presupuesto, que por primera vez en la historia de Cambiemos no unificó con todos los partidos que lo integran.

Y la causa fue la interna radical, que consiguió irritar al resto de las fuerzas de Juntos. La sesión repitió una escena: cada vez que habló Negri, pidió la palabra el jefe de Evolución, Rodrigo de Loredo, para reafirmar conceptos. Y viceversa.

La interna radical consiguió irritar al resto de las fuerzas de Juntos. Cada vez que habló Negri, pidió la palabra el jefe de Evolución, Rodrigo de Loredo, para reafirmar conceptos. Y viceversa.

A la última reunión de Comisión de Presupuesto Martín Tetaz y Alejandro Cacace, de Evolución radical, llegaron con su propio dictamen de rechazo y Luciano Laspina, del PRO, que es el vicepresidente y máxima autoridad opositora, se quedó con el suyo en la mano buscando adhesiones. La UCR decidió no firmar ninguno.

Como el de Evolución fue el único presentado, Tetaz y Cacace tuvieron el privilegio de exponerlo en 20 minutos al inicio del debate y Laspina habló con los 5 minutos de oradores individuales. Los jefes de los otros bloques prometieron que no se repetirá.

El tercer capítulo de la interna fue en la sesión, cuando el choque de halcones y palomas aparecía de a ratos y tuvo su punto cúlmine cuando el Gobierno pidió negociar. Negri llegó a la sesión con la intención de buscar una salida, propuso un cuarto intermedio, pero la propuesta de Massa no convenció a ninguno de sus pares. Consistía en comprometer al gobierno a enviar leyes por cada peso que se recaude por encima de lo estipulado.

El senador Martín Lousteau siguió la negociación de sus dirigidos de Evolución, con reuniones en el despacho de De Loredo. Estaban duros con borrar varios artículos, como las cesión de facultades para subir impuestos. Y si había una coincidencia entre todas las fuerzas es que para leer con detalle los 60 artículos agregados el miércoles y corregirlos el proyecto tenía que volver a comisión. No se podía improvisar en la sesión.

La propuesta de volver el presupuesto a comisión se debatió en una asamblea caótica, en la que los 116 diputados querían hablar. Algunos pidieron crear una mesa de conducción hasta que se pueda elegir un jefe de bloque.

No esperaban que esa opción, desechada por Massa en la tarde, apareciera en las 8 de mañana, en una mini reunión con los jefes de Juntos. Algunas fuentes aseguran que el presidente de la Cámara mostró un mensaje de Alberto Fernández en el que los responsabilizaba de frustrar el acuerdo con el FMI.

Ritondo, Negri y López volvieron con la noticia al recinto y fue imposible seguir con la sesión por el ruido de las charlas entre las bancas. «¡Por favor! ¡Conversen afuera!», reclamó el kirchnerista Rodolfo Tailhade, desentendido de la negociación. «Recibimos una propuesta y estamos evaluando qué hacer. No queremos molestar a nadie y tampoco dejar la sesión sin quórum», contestó Ritondo.

Massa llamó a un cuarto intermedio para que decidan y habilitó la asamblea opositora más numerosa y ruidosa que se recuerde. Los 116 diputados de Juntos se reunieron en el salón Delia Parodi, lindero al salón de pasos perdidos, sin otro itinerario que el hablar todos a la vez. «Fue una asamblea universitaria, que podía terminar nunca», la describen algunos de los participantes, todavía extenuados.

Negri y Ritondo informaron que la propuesta era pasar a un cuarto intermedio, una exposición de Martín Guzmán el lunes y retomar la sesión el martes. Era una victoria a medias, porque los dictámenes no se caían.

Los 116 diputados de Juntos se reunieron en el salón Delia Parodi, lindero al salón de pasos perdidos, sin otro itinerario que el hablar todos a la vez. «Fue una asamblea universitaria, que podía terminar nunca», la describen algunos de los participantes, todavía extenuados.

La rechazaron de plano Tetaz y Ricardo López Murphy. Emilio Monzó, que tiene su propio bloque, era el más insistente en buscar una salida. La Coalición Cívica casi que no participó. Ritondo y Laspina entendieron que lo mejor era gestionar la vuelta a comisión y cuando lo consiguieron el clima mejoró un poco, pero no era posible que todos se callaran por un rato.

Hernán Lombardi, del PRO, llegó a pedir que por favor se respete a los jefes de bloque y algunos referentes dijeron que no estaban dispuestos a negociar en esas condiciones. Con la contraoferta hecha, Milman fue el encargado de negociar con Graciela Camaño, del interbloque federal, que si se unía en una postura con el gobierno le daba la mayoría y el debate en Juntos era en vano.

«Hago lo que hagan ustedes», garantizó la diputada. El retorno al recinto fue gradual, porque algunos duros seguían firmes en su postura de rechazar la ley, pero eran los menos. El clima cambió cuando la propuesta de volver la ley a comisión la hizo el rionegrino Luis Di Giácomo, aliado eventual del Gobierno y una aceptación de Cecilia Moreau, la vice del oficialismo.

A los murmullos le siguió un ataque del radical Bazze a Massa por estar ofertando por terceros lo que la oposición había propuesto más temprano. Julio Cobos le pidió al oficialismo que Carlos Heller hiciera la propuesta de volver el proyecto a comisión. La hizo con timidez. López fue el primero en garantizar que votaba esa moción y le siguió De Loredo. Nunca llegaron a decirlo Negri y Ritondo, porque entre los suyos iba a haber algunos rechazos que no serían decisivos.

El discurso explosivo Máximo cambió los planes. Laspina corrió hasta la banca de Camaño para pedirles votar el rechazo y le llevó la confirmación a Ritondo, para que informe sin riesgo que Juntos iba a ese sentido. Alejandro «Topo» Rodríguez, jefe de los federales, anunció que su bancada lo imitaría. La sesión estaba caída. Y todos creen que ganaron algo. O nada.

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