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Un paso adelante en el tiempo

1° DE MAYO: TRABAJADORES EN LA TRINCHERA DEL CORONAVIRUS

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Una enfermera, un cajero de supermercado; un encargado de edificio, un agricultor, un policía de seguridad aeroportuaria. Unos en la Ciudad de Buenos Aires, otros en el sur, en Río Negro o en Mendoza. Todos y cada uno de ellos enfrentan los riesgos de salir de sus casas para cumplir con sus trabajos, imprescindibles, para que todo siga funcionando.

JUAN ALCHAGÜEÑE, CAJERO DE SÚPER

“Cuando empezó daba miedo estar en la caja”

“La locura fue en la primera semana. Llegue a contar 180 pagos con tarjeta más las compras de efectivo, que son casi la misma cantidad” ,recuerda Juan Alchagüeñe. Es cajero de Carrefour en la ciudad de General Roca. “Hoy son 50 tarjetas más el efectivo, ronda 100 personas, es lo que un cajero tiene que atender por día”, detalla. Cuenta cómo cambió su rutina laboral desde que se declaró la pandemia en una de las localidades más afectadas, en la provincia de Río Negro. “Acá está complicado, hay personas infectadas y aunque gran parte de los contagios se dieron en Bariloche, no deja de preocupar la situación en Roca”, puntualiza.

–Lo que yo hago es la línea de cajas. Tengo trato directo con el cliente. Y cuando empezó, daba miedo. Ahora nos dieron protección y nos sentimos cuidados. Tenemos elementos para desinfectar todo a medida que pasan los clientes. También guantes y máscaras. Pero al principio no. Después nos enviaron máscaras. Es opcional el barbijo, pero la máscara es obligación. Te cubre hasta la pera.

–¿Cómo es el trato con los clientes?

–El barbijo o tapa bocas es obligación para el cliente y siempre entran de a uno. Al principio fue chocante, nunca me había pasado no tener ganas de estar ahí. La gente salió enloquecida a comprar. Un cajero de 8 horas atendía 200 personas por día. ¿Sabés con el rollito que me llegaba a mi casa? Ahora no. Y los domingos cierra por desinfección. Sirve para descansar un poco la cabeza. Nadie presentó certificado, estamos tranquilos. Nuestro delegado está al pie del cañón. Tratamos de cuidarnos entre todos.

–¿Y cómo es la rutina de las cajas ahora?

–El trabajo ahora es más llevadero. Antes era muy rápido y sin distanciamiento. Ahora se usa el carrito para mantener la distancia. Están haciendo las cosas bien. Porque es difícil. Tocas todo, la mercadería, la plata, las tarjetas, la pistola de escanear. Todo lo lavo con alcohol y le ofrezco al cliente. Entro a las 9 y salgo a las 6, al principio se me hacía difícil y te das cuenta cuando llegás a tu casa.

–¿Qué fue lo que más le costó en este mes?

–Al principio no veía a mi hija. Eso fue lo peor. Porque mi hija Antonia está en su casa, yo salgo de trabajar, me saco la ropa de trabajo y voy a verla. Dejo los zapatos afuera, entro descalzo y a lavarse las manos antes de tocarla. Verla me tranquiliza.
MARTÍN BETANCUD, AGRICULTOR

“La producción del agro no para”

“El agro no puede parar. Pero hay que ser creativos ante crisis como esta. Mi actividad es la fabricación de fertilizantes con productos naturales. Somos dos personas. Pero nos agarró la cuarentena y decidimos armar una cooperativa de distribución de verduras”. El que habla es Martín Betancud desde Mendoza, donde hace tres semanas organiza a productores agropecuarios del gran cinturón verde mendocino en una red solidaria: la Red Respaldar. La asociación se dedica a vender y distribuir bolsones de verduras a comedores o centros comunitarios donde los compra el Estado, y a edificios particulares donde compran los vecinos. “Buscamos ayudar a los productores a vender y seguir produciendo” explica.

–¿En qué lugares trabajan con la Red Respaldar?

–En el Gran Mendoza. Empezamos hace tres semanas y llevamos más de 100.000 mil kilos distribuidos, llegamos a unas 6 mil familias. En cada bolsón hay 10 kilos de verduras. De organizaciones de productores, muchos hacen agroecología, en el cinturón verde de la ciudad de Mendoza, el segundo en importancia del país. Tenemos más de 50 especies de verduras. Mendoza es la principal productora de verduras de hojas del país. Por eso cuando llegói la pandemia vimos que teníamos producción y podíamos sumar la distribución. Cómo subían los precios, vimos una oportunidad de negocios. Hay más de 20 organizaciones y productores sueltos pequeños y medianos, el 70% son agroecológicos. Nos ayuda el Estado, el INTA y la Agricultura Familiar ponen los vehículos. Y arrancamos.
–¿Logran mejores precios para productores y consumidores?

–Trabajamos con comercio justo. Hay 10 kilos de mercadería y está haciendo furor, porque cuesta 300 pesos. Como se han disparado los precios, esto es una gran ayuda. Los comercios están cerrados, les viene bien a todos. Y es directo del productor al consumidor. La intermediación genera el sobreprecio. Es bueno en precio y calidad. Y salimos de las voces que siempre relacionan a Mendoza con el vino. Es el principal producto, pero no el único.

–¿Cómo ve el panorama en el mediano plazo?

–Se va a complicar la siembra porque las semillas valen fortunas, los insumos van a aumentar. Pero veo difícil que el modelo convencional sobreviva. Por eso buscamos abrir la distribución.

OSCAR CARDOZO, DE LA POLICÍA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA

“Hubo 3000 personas en un hall”

Desde el 2 de febrero Oscar Cardozo está en Ezeiza al mando de la PSA (Policía de Seguridad Aeroportuaria). “Tengo una puntería bárbara”, dice y se ríe al recordarlo. Fue luego de un año en Haití como oficial de Cascos Azules, que como premio la institución le encomienda hacerse cargo de Ezeiza. El nuevo mando llegó investido de un evento por demás singular: la pandemia. Y su trabajo al frente de la PSA lo convirtió en un guardián de la frontera. Allí conviven los vuelos de repatriados argentinos con la logística de quienes vuelven a sus países de origen. Los que alertan protocolos sanitarios con madres que buscan darles una mamadera a sus hijos.

“Al principio no estaba declarado como pandemia y en teoría, en la semana en que me hice cargo, entró el pasajero cero”, recuerda. Aunque nunca habrá certeza sobre eso, si está definido el momento en el que cambian las reglas y se cierran las fronteras. Y a partir de ahí, su trabajo cambió. “Era inédito tener a 3000 personas en un hall, dar asistencia, agua, comida. Coordinar a los repatriados, no había micros. Hoy tenemos mecanismos aceitados”.

–¿Cómo tomaron el cambio en la rutina de trabajo en la fuerza?

–Como una misión importante para la que no estábamos preparados porque no hay en la carrera una materia que sea pandemia de covid-19, pero nos amoldamos. Nos dispusimos para recibir a nuestros compatriotas de la mejor manera. Y en medio además, se activaban los protocolos sanitarios. Llegamos a tener 17 en un día. Pero nos preparamos tempranamente y eso ayudó.

–¿En qué consistió esa preparación?

–En las cosas que hoy son comunes: el saludo, no dar la mano, no compartir el mate. Son 1248 personas en la unidad y hasta el momento no tenemos casos.

–¿Cómo fueron las reacciones de los extranjeros al comienzo?

–Muchos se largaban a llorar, alguna crisis nerviosa. Con mi equipo más cercano y quienes hablamos ingles tratamos de contener. Porque la barrera idiomática es otro tema. Había que explicarles que la frontera se había cerrado mientras ellos estaban en vuelo. Gracias a Dios me acompaña un equipo de gente espectacular. Y un dato: el nivel de ausentismo es el más bajo en la historia de la unidad. Vale un reconocimiento para ellos y sus familias.

CRISTIAN MILANO, ENCARGADO DE EDIFICIO

“De ésta salimos entre todos”

“Al principio costó, porque esto es algo nuevo para todos y porque los trabajadores de edificios estaban desconcertados”, dice Cristian Milano, secretario de Organización del Suterh, el Sindicato Unico de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal. Reflexiona sobre cómo modificó la pandemia el trabajo diario de los encargados de edificios y explica en la entrevista con PáginaI12 cómo vivieron la declaración de emergencia sanitaria?

–Con asombro desde ya. Las primeras consultas fueron por la incertidumbre de la situación. Si debían trabajar o no. Más allá de que se trata de un trabajo donde es central la limpieza y la desinfección, los compañeros estaban asustados con el tema de la pandemia. Cuáles eran los protocolos, qué productos había que usar. Luego se fueron adaptando y entendieron. Los encargados son trabajadores esenciales. Los adultos mayores están recibiendo su colaboración, están con ellos, ayudando a los adultos mayores. A gente de riesgo que no podía salir y salía por que no les quedaba otra. Siempre fue un trabajador solidario con su gente, pero ahora más. Se acercan a ver que necesitan y si necesitan algo los asisten.

–¿Cuáles son las cosas que más demandan o que mas necesitan?

–Desde ir a la farmacia hasta comprar alimentos. En muchos casos les sacan a pasear las mascotas también. Y cuidando que no salgan las personas mayores y las personas de riesgo por el alto grado de contagio del virus. En el mundo consorcial esto es complicado. El trajín diario. En todo el país es más o menos igual. Las dudas son iguales y al principio en algunos consorcios los administradores no entregaban materiales para realizar el trabajo. Para más porque los administradores del consorcio están exentos. Los compañeros están comprando ellos los productos. Y los usan para resguardarse ellos y a las personas que viven en los edificios.

–¿Ustedes cuentan con ayuda estatal, para asistir a los adultos mayores en esta situación?

–Suterh hizo un convenio con PAMI, de colaboración, de los encargados con el PAMI, porque el PAMI tiene más de 10 mil colaboradores visitando a los jubilados y les cuesta el acceso a las viviendas y dar con las personas. En ese momento activa el encargado de edificio. Al encargado se le va dar un número de teléfono del referente del PAMI de la zona para que lo use en caso de que dentro del edificio se encuentre un jubilado que lo necesita. Llamamos nosotros a los delegados de Suterh y les damos los teléfonos de los referentes de PAMI, según el barrio, así ellos pueden contactarse. Para que el PAMI pueda tener acceso y darles contención a los jubilados. De ésta salimos, entre todos, como dice el Presidente.

ERICA GONZÁLEZ, ENFERMERA

El arte de cuidar a quienes lo necesitan

“Soy franquera, trabajo los sábados, domingos y feriados así que el viernes 1ro de Mayo voy a trabajar”, dice Erica González. Es licenciada en enfermería y trabaja en el Hospital Ramos Mejía. Pero en su recorrido laboral pasó por centros privados, otros de rehabilitación y enfermería domiciliaria. “Todos tiene su gratificación pero en ninguno estamos realmente reconocidos” sostiene. Como ejemplo, explica que por una ley del Gobierno de la Ciudad su profesión no tiene el estatus de profesional sanitarios. Con lo cual “la parte económica queda muy atrás, afecta mucho al sueldo. La ley fue hace 3 años. Estamos en esa lucha” sostiene.

En estos días Erica se prepara para retomar la actividad justo el 1ro de Mayo. “Porque esto no para, el viernes vuelvo a la neo. Porque nuestro servicio se cerró porque hubo personal con covid-19 en el hospital. Terminamos la cuarentena obligatoria, y hoy se reabre”.

–¿Cómo fue el caso en el hospital por lo cual tuvieron que cerrarlo?

–Fuimos el primer caso de contagio de profesional a profesional. Porque había casos en el hospital y no teníamos protección. Al ser asintomáticos no sabíamos quien tenía y quién no. Se cerró y en las noticias y el director dijo que van a dar insumos. Veremos. Porque estamos 12 horas y el barbijo dura 6 horas. Era inevitable que ocurriera. También dicen que Nación había mandado y nosotros ahí, en el campo de batalla, no teníamos. Vamos a ver qué pasa en la segunda vuelta.

–¿Por qué cree que pasó esto?

–Son problemas del hospital público y en zona de gente muy humilde. Viven en la calle. Y es triste querer ayudar y hacer tu trabajo pero no tener elementos. Es una impotencia tremenda. Pero nosotras nos ponemos creativas. Somos las ferreteras artesanas, para armar un respirador conectamos tubos, mangueritas, con una guía de suero, con una zondita, armándolo para que el bebé no muera, para que pueda respirar. Y hay problemas macro, digamos, el sistema. No es ahí solamente. Pasa en muchos lados. Tenemos que ser creativos para ayudar al paciente.

–¿Los médicos ayudan y se comprometen con la situación o se sienten solas?

–Está el médico que dice hay que hacer esto y lo tenemos que hacer nosotras. Y cuando llegan, ya está hecho. Otros son más compañeros. Pero también se les escapa de las manos, es político el problema. Nuestro trabajo como enfermeras es muy amplio. Se trabaja mucho con las familias y con momentos difíciles. Pero no estamos en la situación desesperada que tiene España. Si le toca a la gente de riesgo tiene que caer en buenas manos para que zafe. Ya tuvimos una señora de 79 años que le dieron de alta en el hospital. (pagina12)