Federalaldia
Un paso adelante en el tiempo

La pérdida del poder adquisitivo, el aletargamiento y la falsa dicotomía

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En estos años de gobierno de Mauricio Macri el ajuste se ha profundizado. Los recortes a la educación y la salud pública se complementan con un programa de mercantilización de derechos que pasan a ser servicios.  La pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores se profundizó en Argentina y el desempleo creció abruptamente.  Por: Renzo Righelato*

El frío le costará varias vidas a la Argentina. La caída abrupta del poder adquisitivo y el aumento de servicios (luz, gas), impuestos, tasas, alimentos, insumos, es decir, del costo de vida, enciende las alarmas de todos los indicadores ante un Gobierno indiferente que justifica el vaciamiento de empresas estatales, flexibiliza Leyes laborales y avanza en la destrucción de la salud y la educación pública en todos sus niveles (primario, secundario y superior), mientras aumenta el aparato represivo.

Será el proletariado quien pondrá nuevamente las vidas. El frío, la angustia o la falta de alimentos se llevarán puesto lo más preciado de cualquier ser humano: su libertad. Su libertad de vivir dignamente.

Lo doloroso del proceso es que no se inició con el Gobierno de Macri, sino que los CEOS profundizan un programa trazado normativamente durante los últimos 35 años de democracia. La mercantilización de la salud y la educación estaban latentes en gestiones pasadas, disfrazados con un estado de bienestar.  El ejemplo más crudo es la educación. Cientos de marchas hicieron las comunidades educativas para advertir la transferencia de recursos a fundaciones, escuelas públicas de gestión privada y ONG’s por parte de los Gobiernos, que desligan al Estado de sus obligaciones y las tercerizan.

Durante años se profundizó la transferencia de la educación a escuelas llamadas “de gestión privada”.  Instituciones “públicas” en las que se enseña religión y, con un plus económico, el Estado financia la desigualdad entre ciudadanos.

A la par, los hospitales son vaciados y, los mismos médicos que trabajan en esos nosocomios, derivan a los pacientes a clínicas privadas que ellos mismos regentean.

Ante ese escenario, ahora las universidades públicas y la investigación son el objetivo. A los coprófagos de la oligarquía ya no les importa sostener la farsa de la meritocracia burguesa. No les interesa fingir. Van por la universidad y sus contenidos. Van por la profundización de la mercantilización del conocimiento. Pero no es una historia nueva, sino que es la seguidilla de un proyecto oscuro y silenciado, ya que el kirchnerismo negó debatir la Ley de Educación Superior (LES) durante sus años en el poder y avanzó en la monetización de los postgrados en universidades públicas.

Así observamos el eterno retorno de las burbujas de crecimiento y su brutal ajuste sobre el proletariado, que se reitera como un déjà vu, que hace sangrar a los más débiles, mientras los grandes empresarios, religiones y los condotieros sacan tajadas de las pérdidas de la inmensa mayoría.

Así, la falsa consciencia del proletariado legitima la obscena falacia de una dicotomía peronismo–Cambiemos que pugna por un Estado que desgarra siempre a los mismos. Una falsa dicotomía que se impone como un pensamiento mágico, cuando las relaciones de poder y producción nos las discuten. Una farsa dicotomía que habla de poner frenos a tarifazos pero apoya brutales ajustes a jubilados, trabajadores y oprimidos (como las mujeres que en diez años de peronismo no lograron abrir el debate por el aborto legal, seguro y gratuito).

Los números son fríos, en los últimos meses se perdió un 30 por ciento del poder adquisitivo  y el Gobierno sigue anunciando “ajustes” desde la comodidad de la Casa Rosada, con calefacción, sushi y viajes, mientras desangra a la clase trabajadora.

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