El particular episodio sumó, además, un ingrediente que llamó especialmente la atención de los investigadores: el supuesto responsable de la logística es un militar retirado que, presuntamente, habría puesto a disposición de la banda su propia camioneta Volkswagen Amarok blanca para concretar el golpe.
La estrategia, al parecer, era sencilla. La camioneta era estacionada cerca del lugar elegido, los delincuentes descendían encapuchados y armados, cometían el atraco y luego regresaban al vehículo para trasladarse a viviendas utilizadas como refugio, ubicadas a apenas unas cuadras del escenario del hecho.
Una logística de fuga tan acotada que los sospechosos habrían permanecido prácticamente dentro del mismo barrio donde se produjo el robo.

Según se pudo conocer, los autores habrían utilizado armas de grueso calibre y actuado encapuchados para apoderarse de una suma de dinero que, de acuerdo a los datos del caso, no sería de una magnitud comparable con el despliegue utilizado para concretar el hecho.
La banda estaría integrada por un hombre retirado del Ejército, señalado como quien habría tenido un rol central en la organización, junto a otros sospechosos que contarían con antecedentes penales.
Pero el supuesto plan comenzó a derrumbarse rápidamente. Los investigadores no necesitaron complejas herramientas de inteligencia para seguir el rastro de los sospechosos: una cámara de seguridad habría permitido identificar la patente de la camioneta utilizada durante el hecho.
A partir de ese dato, la Policía y la Fiscalía lograron avanzar con la investigación y realizaron cuatro allanamientos, que derivaron en el secuestro de la Volkswagen Amarok, tres armas de fuego, alrededor de cien cartuchos y siete teléfonos celulares.
Además, fueron detenidos varios de los presuntos integrantes de la organización, entre ellos el hombre que habría tenido a su cargo la logística del golpe.
Así, lo que habría sido planificado como un atraco armado terminó con una investigación que avanzó rápidamente gracias a las imágenes de las cámaras de seguridad y a los procedimientos posteriores.
Una historia que, por la combinación de violencia, improvisación y una llamativa estrategia de fuga, bien podría llevar el título de una comedia: “Tonto y Retonto”, aunque en esta oportunidad el final no fue de película, sino en sede policial y judicial.
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