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Un paso adelante en el tiempo

LALO SCHIFRIN, EL OSCAR A SU CARRERA Y LA INOLVIDABLE MÚSICA DE MISIÓN IMPOSIBLE: “EN EL COMIENZO NO ENTENDÍA NADA”

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El compositor argentino recibió este fin de semana un premio honorífico a toda su carrera de manos de Clint Eastwood. Aquí cuenta cómo fue el proceso que desembocó en un tema icónico, hecho en tiempo record: “Fue mi propia y pequeña misión imposible”.

En una proyección de Misión Imposible, la película de 1996 que dio el puntapié inicial a la franquicia, Tom Cruise cruzó la alfombra roja para abrazar a un músico argentino de 64 años con aspecto de bibliotecario. “Cuando me vio, vino a abrazarme dos veces”, le contó Lalo Schifrin a una radio de Montreal. “Me dijo que había crecido con la serie de TV y que la música era uno de los elementos que lo había convencido de involucrarse en el proyecto, como actor y productor. Me hizo el día.”

El tema que Schifrin escribió para la secuencia de títulos de la serie creada por CBS en 1966 es una de esas canciones reconocibles de manera instantánea. La síncopa en un tempo de 5×4 hace sonar a cada ataque de bronces y maderas como la cabalgata de una sensacional escena de persecución. Su inconfundible música ayudó a convertir una serie sobre agentes secretos en un éxito. La mezcla de tramas en una deslumbrante carrera contra el tiempo, astutos gadgets y elaborados disfraces generaron una franquicia cinematográfica que alcanzó su sexta película este año con Fallout.

Schifrin finalmente puso sus manos en un Oscar el fin de semana pasado, cuando la Academia reconoció el trabajo del músico de 86 años. El compositor recibió seis nominaciones, por las bandas de sonido de La leyenda del indomable (1967), The Fox (1968), El viaje de los condenados (1976) y Terror en Amityville (1979), la canción original “People alone” de La Competición (1980) y la adaptación de la música de El golpe II (1983). La música de Misión Imposible apareció casi por accidente. “No tenía idea sobre qué trataba”, dice Schifrin. En 1966 era un respetado arreglador de jazz y productor que acababa de hacer la música de El gran desafío cuando su agente lo llamó para pedirle que un productor llamado Bruce Geller quería que escribiera música para el piloto de una serie. La misión de Schifrin, si decidía aceptarla, era crear la música perfecta para una ficción sobre operativos encubiertos. El encargo era también una tarea contra reloj. “Había un poco de pánico en la producción, porque estaban muy retrasados con las fechas”, recuerda el músico.

El compositor, que vive en Hollywood, fue invitado a los Desilu Studios en Culver City, California, para ver la filmación con algunos de los actores, incluyendo a Martin Landau, Steven Hill y Barbara Bain. El piloto, escrito por Geller, presentaba al equipo de espías en la búsqueda de dos cabezas nucleares que habían sido llevadas a una isla del Caribe. Al principio Schifrin se sintió desconcertado. No había secuencia de títulos para estudiar, porque Geller había rechazado el primer boceto. “No entendí nada, nunca había estado en una filmación de TV”, dice. “Todo era muy lento, y se hacía en un orden diferente. Sin el guión, cuando uno de los personajes decía algo yo no entendía. Bruce no tuvo tiempo de pedirme nada específico”. Todo lo que pudo ver en ese primer contacto fue que cada episodio iba a comenzar con la imagen de un fósforo encendiendo una mecha. Sus instrucciones se limitabn al vago pedido de “algo excitante” alrededor de esa imagen. En un comienzo Schifrin jugó con la idea de música que encajara en el estilo “paramilitar” del equipo Impossible Missions Force. Cuando Geller escuchó el primer boceto de Schifrin, una marcha llamada “The Plot”, dijo que le gustaba pero que quería algo mucho más dramático, que encajara mejor. Entonces le mostraron una primera edición del piloto. “Quiero que escribas algo que atrape la atención de la gente”, le dijo Geller. “Hacelo sonar como una gran promesa, algo que haga que la gente que está tomando algo en la cocina lo escuche en la TV del living, diga ‘Uh, empieza Misión Imposible’ y vaya corriendo”. El compositor se dio cuenta que había trabajado en algo “demasiado blando y misterioso”: “Supe lo que tenía que escribir. Tenía que ser un llamado a los televidentes. Lo que necesitaba componer era como el logo de Misión Imposible”.

Schifrin volvió a casa, a trabajar en su escritorio (rara vez compone en el piano) para crear una canción que tenía el título de trabajo “Burning Fuse” (“Mecha encendida”). “Tenía muy poco tiempo, había que hacerla de inmediato”, dice. “Me senté y la hice en un minuto y medio. No fue inspiración, fue la necesidad de hacerla. ¡Fue mi propia y pequeña misión imposible! Todo el asunto, incluyendo el estribillo, los bongoes, todo lo que se escucha, me llevó unos tres minutos. Estaba creando el sonido de las misiones imposibles y haciéndolo bailar. Nunca imaginé que iba a ser tan exitoso”.

El músico de 32 años estaba habituado a componer y tocar temas de jazz en 4×4, pero para su composición adoptó un inusual y deliberadamente inquietante 5×4. “El ‘Take Five’ de Dave Brubeck estaba en mi corazón, pero el 5×4 salió naturalmente. Es poderoso, y el oyente nunca se siente a gusto”, dice. Landau, que interpretaba a Rollin Hand –El “hombre de un millón de caras”, antecedente del Ethan Hunt de las películas– fue a ver la grabación y quedó impresionado. Schifrin trajo músicos destacados de jazz de la Costa Oeste para la histórica sesión, y les dijo que apuntaban a un sonido de suspenso, un “jazz criminal”. “Lalo levantó la batuta y escuché esas notas por primera vez y era ensordecedor”, dijo Landau. “Lalo los interrumpió y les corrigió el clima, empezaron de nuevo y antes de que pudiéramos decir nada lo habían grabado. Quedé impactado. Era perfecto. Salí del estudio ya tarareándola”.

Los críticos de TV la amaron. El público la amó. El single vendió más de medio millón de copias en Estados Unidos. fue número 1 en Europa y Australia y alcanzó el puesto 7 en el ranking británico. El album ganó dos Grammy, al mejor tema instrumental y la mejor banda de sonido. Schifrin mostró su lado juguetón durante una gira europea en la que un periodista austríaco le preguntó por qué había escrito el tema en 5X4. “¿Qué iba a decir? Soy músico de jazz, improvisé”, dijo después para explicar su respuesta, en la que dijo muy seriamente que el gobierno de Estados Unidos había encontrado un extraterrestre de cinco piernas: “La gente del espacio exterior tiene cinco piernas y no puede bailar con nuestra música, así que escribí un tema para ellos”. El reportero se lo creyó, y todas las revistas de Viena lo publicaron. “Mi agente me llamó para preguntarme qué demonios estaba tratando de hacer”, se ríe Schifrin.

Lo remarcable de su carrera es el rango de sus logros. Además de su trabajo para el cine, es un gran arreglador de jazz, un brillante compositor de jazz latino, un soberbio músico clásico y un gran pianista. Su familia esperaba que siguiera los pasos de su padre, el violinista Luis Schifrin, maestro concertista de la Filarmónica de Buenos Aires. Pero el joven Schifrin creció amando el jazz, especialmente al maestro del bebop Dizzy Gillespie: en la familia se volvió un chiste repetido que, cuando salía de la casa, Lalo le gritara a su madre “Si llama Dizzy decile que no estoy”. Cuando le dijo a sus padres que había decidido ser músico de jazz, fue reprendido por su padre por elegir “una vida llena de drogas, alcohol y mujeres de la noche”. Su padre intentó frenar su ambición enviándolo a estudiar abogacía en la Universidad de Buenos Aires. Cuando Lalo se rebeló y dejó la carrera para estudiar composición musical en el Conservatorio de París, su padre lo dejó librado a su suerte.

Cuando volvió a la Argentina, a los 23 añosy convertido en un excelente pianista de jazz, llamó la atención de Gillespie, que estaba de gira en el país. Al trompetista le gustaron los arreglos de Schifrin y le ofreció unirse a la banda. Eso marcó el comienzo de un período en el que giró por el mundo y tocó con leyendas como Count Basie, Ella Fitzgerald y Miles Davis. En la década que siguió, Schifrin produjo y arregló más de cien grandes discos de jazz, incluyendo nombres como los de Gillespie y Stan Getz. Fue la mente maestra detrás de The Cat, el brillante álbum del organista Jimmy Smith que ganó un Grammy en 1964. En los ‘60 y ‘70, el jazz siguió alimentando su creciente cuerpo de trabajo en bandas de sonido. Estaba convencido de que “un sonido de jazz bien cool” era lo adecuado para Bullitt, el clásico protagonizado por Steve McQueen en 1958. “Si se mira con atención, Bullitt, Misión Imposible y Harry el Sucio tienen un background y una sección rítmica de jazz, porque nunca pude dejarlo completamente de lado”, dice.

Schifrin también creó bandas de sonido llenas de estilo para Patton, El águila ha llegado, La leyenda del indomable, Fui un ladrón, El cuarto protocolo, Terror en Amityville y Rush Hour 2. Su trabajo con Bruce Lee para Operación Dragón sigue siendo una de sus experiencias cinematográficas favoritas. Lee acostumbraba entrenarse con la música de Misión: Imposible y persuadió al compositor –ya en la mediana edad– de animarse a las artes marciales. Bajo la tutela de Bruce Lee, Schifrin obtuvo el cinturón negro; al día de hoy, el músico tiene un maniquí de tamaño real del atleta y actor. También fue un buen jugador de fútbol amateur, y por ello le resultó un placer especial componer la música para la final del Mundial de Italia 90. El concierto, con los tenores Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras, se convirtió en un hit mundial. En una carrera de triunfos destacados, una de sus decepciones fue el rechazo de la música que compuso para El Exorcista por ser “demasiado oscura”.

Aun con su fantástico corpus de obra, para el público general la música de Misión Imposible –que en el último medio siglo fue grabada y reformulada por artistas tan diversos como Kanye West, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. de U2 y Sly & Robbie– es su creación definitiva. La música de la secuencia de títulos aparece en las seis películas. Originalmente se le pidió a John Williams que hiciera el score de la primera adaptación, pero cuando éste insistió en hacer su propia música fue rechazado por Cruise y el director Brian de Palma, quienes estaban convencidos de que debían apegarse a la apertura clásica de Schifrin; así terminaron contratando a Danny Elfman para componer la música del resto del film. El compositor Lorne Balfe escribió su propia partitura para Fallout, pero incluyó la icónica canción de Schifrin. Balfe admitió que se había sentido “petrificado” por la posible reacción de Schifrin ante su trabajo. “Afortunadamente, le encantó. Ahora que tengo la bendición de Lalo puedo morir tranquilo”, dijo.

Schifrin fue siempre optimista sobre el hecho de ser conocido por un tema de la TV más que por sus otros logros, insistiendo en que no le molesta escucharlo como ringtone en el teléfono de un extraño. “Esa música se volvió tan popular que cambió mi carrera, me abrió puertas a encargos más serios”, dice. Treinta años después de que colocaran una estrella con su nombre en el Hollywood Walk of Fame, finalmente el maestro de la música de películas se llevó a casa la estatuilla más famosa.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para PáginaI12.

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