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Un paso adelante en el tiempo

La pobreza es uno de los problemas más acuciantes del hemisferio

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La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh), órgano principal de la Organización de los Estados Americanos (OEA) presentó el pasado 7 de diciembre su documento anual, titulado “Informe sobre pobreza y derechos humanos en las Américas”, disponible on-line en www.cidh.org en el que se afirma que la pobreza (considerada estructuralmente) es uno de los problemas más acuciantes del hemisferio, condición de exclusión, falta de acceso y ejercicio de los derechos inalienables de las personas, lo que además trae aparejada una violación a los derechos civiles y políticos.

En la última década se lograron importantes avances en la región en materia de derechos sociales, económicos, culturales y ambientales que permitieron a grandes sectores salir de la pobreza y pobreza extrema. Sin embargo, estos logros se encuentran hoy en peligro de retroceso, advierte con preocupación el documento. Esta situación de vulnerabilidad latente afecta directamente a los sectores históricamente postergados y discriminados, tales como mujeres, niñas, niños y adolescentes, así como pueblos indígenas, poblaciones afrodescendientes, migrantes, personas privadas de su libertad, personas con discapacidad, población Lgbtiq+ y personas mayores.

En el presente artículo nos detendremos sobre algunos aspectos destacados del documento (que cuenta con más de 200 páginas) y haremos énfasis en el impacto diferenciado de la pobreza en la categoría “mujeres”, sobre la que pesa una de las mayores cargas, dato que advierten a su vez, otros informes relacionados –como “El progreso de las mujeres en América latina y el Caribe 2017” publicado por ONU-Mujeres, “La situación de los Derechos Humanos en el mundo. Informe 2016 / 2017” de Amnistía Internacional o el informe sobre “Pobreza y desigualdad por ingresos la Argentina urbana” del Observatorio de la deuda social de la Argentina, publicado por la Pontificia Universidad Católica (UCA) –. En el mismo sentido, el Observatorio de la deuda externa Argentina de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (Umet) en su informe del 29 de agosto, considera (entre tantas relaciones posibles) que: “El promedio de 4.5 mil millones de dólares pagados en intereses en los años previos a 2015 y que en este ciclo los pagos se duplicaron y superaron los 9 mil millones de dólares (…) el valor, comparativamente permitiría multiplicar con creces el presupuesto total de ciencia o pagar 1600000 jubilaciones nuevas de 7500 pesos (…) esta canalización de recursos al creciente pago de vencimientos de la deuda reduce las erogaciones hacia áreas más sensibles y urgentes”. Es decir, que más allá de las siempre vigentes consideraciones ideológicas y de las distinciones necesarias entre nuestro país con sus pares, todo el arco político-social considera que la pobreza en la región es un problema estructural, lo que puede conceptualizarse del siguiente modo: “la pobreza representa un nivel crítico de privación, que pone en entredicho la sobrevivencia, la dignidad y el goce efectivo de derechos de las personas que se encuentran en esa situación, dimensiones que no se limitan a la carencia de un ingreso monetario suficiente para satisfacer sus requerimientos mínimos”, en términos generales y con independencias de los distintos sistemas metodológicos que presentarán diferencias entre conceptos como  bienestar, costo y calidad de vida, escasez y necesidades básicas (satisfechas o insatisfechas) vemos que refieren a un problema persistente y de (cuasi) predestinación para millones de personas en el continente.

Uno de los grandes desafíos que enfrentan las personas que viven en situación de pobreza es la invisibilidad a la que se encuentran sometidas. La CIDH enfatizó que “la muerte de 30000 niños por día por causas fundamentalmente prevenibles pasan inadvertidas, en consecuencia, un primer paso fundamental es otorgar al grave problema de la pobreza su debida consideración y visibilidad”. Además, el documento alerta sobre las severas consecuencias que el cambio climático (extensas sequías, olas de calor, inundaciones) produce en los sectores de mayor vulnerabilidad. Es necesario advertir que sin adicionar la perspectiva de género, los estereotipos machistas y homófobos muy presentes en la región, se incrementa el riesgo de violencia en todas sus manifestaciones (física, psicológica, sexual, económica, obstétrica y espiritual). Del informe también se desprende que las mujeres se ven afectadas en mayor medida que los hombres y se encuentran en particular desventaja en el ejercicio tanto de sus derechos civiles y políticos como económicos, sociales y culturales, condición de exclusión y discriminación histórica que se emparenta con las de los pueblos originarios y afrodescendientes. En este sentido, la falta de acceso al control de los factores productivos (capital, trabajo, tierra, nuevas tecnologías, información fidedigna y vivienda) repercuten en la imposibilidad de generar ingresos genuinos, perpetuando así la desigualdad y exclusión.

Otro aspecto de vital importancia que el informe destaca es la falta de autonomía reproductiva, cuya carencia se traduce en la imposibilidad de reconfigurar la división sexual del trabajo a raíz de la falta de acceso a la planificación familiar e información fehaciente sobre salud reproductiva: “la falta de condiciones de un gran número de mujeres en el hemisferio para tomar decisiones oportunas, libres y seguras sobre la reproducción, constituye un grave obstáculo para lograr salir de la pobreza y desigualdad”. Por otro lado, las mujeres tienen una carga desproporcionada en las tareas de cuidado y crianza al interior de las familias lo que reduce aún más las posibilidad de acceder a empleos de calidad, con estabilidad y sueldos acordes; más bien todo lo contrario, persiste el acceso a trabajos informales, con baja estabilidad y en condiciones de precariedad y arbitrariedad manifiestas. En suma, las mujeres que viven en la pobreza y pobreza extrema se encuentran en situaciones de alta dedicación a tareas no remuneradas que las mantienen ancladas a suelos pegajosos y escaleras rotas, pese a los importantes avances que en la última década se produjeron en cuanto a educación, salud y empleo, con peligro de importantes retrocesos a juzgar por los cambios de los últimos años.

Podemos concluir de manera provisoria que la pobreza en América Latina y el Caribe es un tema medular, que tiene su centro en los grupos históricamente postergados y que hipoteca el destino de las próximas generaciones si los Estados no reparan en la toma de decisiones y la implementación de políticas públicas con miras a corregirla.

*Valentín Ibarra, estudiante de Filosofía de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader). (AIM)

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